
Evitamos a toda costa pasar
por el pasillo de repostería y enlatados, pedimos jamón de pavo light bajo en
sodio, compramos el pan de caja con más fibra y granos enteros y filetes y filetes
de pollo y pescado porque sabemos que es la carne más sana y baja en calorías y
firmemente nos decimos “el lunes empiezo”, así que el fin de semana poco
falta por acabar con la comida hasta del vecino porque “el lunes ya no podré porque empiezo la
dieta”.
El día del pesaje, nos damos cuenta
que hemos bajado tan solo unos cuantos gramos o incluso, que subimos de peso.
¿Cómo es posible? ¿Todo el esfuerzo,
todo el sacrificio para nada? Y ¿Qué hacemos? Nos damos por vencidos y abandonamos
la dieta con apenas 1 semana.
En el mayor de los casos, no tenemos
acostumbrado a nuestro cuerpo a comer con horarios fijos y alimentos sanos. En
muchas ocasiones al comenzar un nuevo plan alimenticio reacciona en forma de
“alerta” y comienza a almacenar la mayor
parte de nutrientes de alta calidad que le son posibles porque es algo a lo que
él no está acostumbrado, y no sabe cuándo lo volverá a tener, así que almacena
todo.
¿Y qué hacemos nosotros?

No esperemos en una semana bajar 3 tallas, no existen dietas milagrosas, y si es que alguien lo logra, en una semana aumentará las 3 tallas que bajó pues el cuerpo tiene memoria y no lo podemos engañar. Así que si decidiste comenzar una nueva dieta, no te desanimes si no logras los resultados que esperabas en un pequeño periodo, recuerda que todo resultado óptimo se logra con sacrificio, optimismo y tiempo, sobre todo tiempo, . “Roma no se hizo en un día”.